UNA COPA SIGNIFICATIVARecuerdo que hace unos años, desde el WE7, Konami empezó a hacer a los defensas más habilidosos y difíciles de superar en velocidad por los delanteros. Muchos fanáticos se quejaron y ahora el WE10 vuelve a tener esos delanteros de enorme estabilidad, remate inatajable y gran velocidad (en especial los
robots brasileños, además de Henry y Shevchenko), mientras que los defensas en promedio son monigotes clavados en su zona. Así, Konami le devuelve el gol a su saga, y con el gol retornan al redil miles de video adictos que estaban cansados de
no verla en las definiciones. Pero ha dado un paso atrás en su realismo. Los del departamento de Marketing de la empresa lograron vencer el mano a mano contra los especialistas, extraordinarios seguidores del fútbol mundial que había olfateado el gran cambio de estrategia que se vive en las ligas europeas y, sobre todo, el clarinazo de alerta que fue la Euro-Copa del 2004 y el triunfo de Grecia, y que ha concluido como una lección aprendida por todas las principales selecciones europeas en este mundial.
A diferencia del Mundial 2002, en que todos estuvimos de acuerdo que fue emocionante y hasta épico si se quiere, sobre todo por Turquía, pero en realidad no hubo demasiado fútbol y Brasil se llevó la copa aplicando la ley de menor esfuerzo (lo mismo que quiso hacer ahora pero sin éxito, por cierto), ahora hay opiniones divididas. Para algunos, este Mundial es uno más para el olvido, sin escenas memorables, sin grandes goles y con delanteros mediocres. Para otros, es extraordinario y un corte transversal en la historia del fútbol.
Me incluyo en el segundo grupo. Entiendo, aunque no comparto, la decepción de quienes querían ver regates, tacos, llevaditas, delanteros gloriosos y sobre todo muchos goles. Fernando Iwasaki, por ejemplo, escribió un artículo en
Deporte Total donde decía que este Mundial no le iba a dejar ninguna imagen memorable, quizá porque esperaba ver al Brasil de 1970, un equipo al que los defensores dejaban jugar con absoluta negligencia. Eso, en efecto, no ha ocurrido. Pero yo sí me llevo muchas imágenes, muchísimas, y un concepto más concreto, real y expectante de lo que es el fútbol actualmente en las ligas competitivas europeas y en campeonatos exigentes como la Euro-copa. Como dije antes, cuando la táctica Grecia superó a la épica Portugal en la final de la Euro-copa, sonó un claxon de alerta que fue asimilado por todos los entrenadores que empezaban las eliminatorias europeas; pero no por los americanos y menos aún por los africanos, con los resultados que ya vimos. El salto cualitativo era conseguir el orden táctico de Grecia pero con figuras sobresalientes. Quien lograse ese equilibrio iba a llegar más lejos. No es raro entonces que dos de los tres países que tienen ese justo equilibrio (el tercero es Inglaterra, y por ello mismo una decepción en todo sentido) estén en la final. Asimismo, cuando pensamos en los equipos eliminados (Brasil, República Checa, Holanda, Alemania, Argentina) nos damos cuenta de que sus errores van también por ese lado: no pudieron armar un equipo que funcione como un engranaje desde sus zagueros hasta sus solitarios hombres de punta.
Este Mundial ha demostrado que los delanteros están llamados a ser tan espectadores-en-estado-alerta como los arqueros. La cancha se ha convertido en un rombo con agudas puntas: una arriba y una abajo. Pero el dinamismo de los restantes, moviéndose de un lado a otro, es lo que cambia el espectro. Ya no se trata solo de laterales yendo al ataque o los delanteros marcando la salida de los contrarios, como en el fútbol total de don Rinus, sino de un equipo polifuncional cuyo centro es móvil: ya sea el 10 de Zidane o el 5 de Pirlo. La estrategia para anular ahora al rival es encontrar en todo el tablero de ajedrez cuál es el centro, el intelectual, el cerebro desde el cual se organiza el ataque, y luego enviar hombres ahí para cerrar sus salidas.
Si hay algo que este Mundial ha decretado es la muerte de los jugadores habilidosos pero que juegan para ellos mismos, y que solo dan pase cuando se les agotó la posibilidad de la gambeta. La prueba es Cristiano Ronaldo, muy dotado técnicamente pero sus quiebres y requiebres dejaban siempre inútil a Pauleta, cuando no en off side, que era último hombre, y estéril al equipo portugués que normalmente tenía más posesión del balón pero menos contundencia. Una sola proyección de Figo o Maniche era más peligrosa (aunque menos vistosa) que las de Cristiano, y por ahí venían los goles. Francia contra España o Brasil, e Italia contra Alemania, demostraron que un mediocampo que funciona como reloj es vital para el fútbol moderno. Por eso, aquellos que tenían la vista y el teleobjetivo puesto en los delanteros (Rooney, Saviola, Ronaldo, Adriano, Toni, Van Nilstelrooy, Torres, Pauleta, Henry, etc) han quedado decepcionados. El verdadero espectáculo, lo inolvidable, se dio en la volante. Los que supimos tempranamente cambiar nuestra mirada hacia Cannavaro y Thuram, a Pirlo y Zidane, a Vieria, Makelele, Nedved, Ballack, Frings, Ayala, Mascherano, Ze Roberto, Beckham, Joe Cole, Figo, Gatusso, Essien, no nos hemos sentido decepcionados sino, al contrario, muy entusiasmados por presenciar un Mundial que quizá sea el comienzo de una nueva era en el fútbol mundial.